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La Red Miqueas se pronuncia sobre la crisis ambiental

2 September 2009 1 Comentario

Por René Padilla

Es posible que con el paso del tiempo la Declaración sobre mayordomía de la creación y cambio climático, que sintetiza los compromisos asumidos por la Cuarta Consulta global trienal de la Red Miqueas realizada en Kenia del 13 al 18 de julio de 2009, llegue a ser considerada como el documento más significativo que ha surgido de círculos evangélicos sobre un tema que hasta el momento no había recibido la atención que merece por parte de un pueblo que confiesa al trino Dios como el Dios de la creación.

Redactado por una comisión internacional que facilitó un proceso participativo mediante grupos de discusión de quienes asistieron a la Consulta, este documento es un excelente resumen de las preocupaciones ecológicas de una red comprometida plenamente con la misión integral de Dios, concebida como la proclamación y la demostración del Evangelio. La esperanza es que esta Declaración no sólo se constituya en una agenda para los miembros de la Red Miqueas sino que, además, incentive a los cristianos en todo lugar a tomar en serio la crisis ambiental global producida por “la ignorancia, el descuido, la arrogancia y la avaricia”; a superar la tradicional dicotomía entre la evangelización y la responsabilidad socio-ecológica, y a comprometerse activamente en la práctica y la promoción del cuidado de la creación de Dios.

Establecida en 1999, la Red Miqueas ha crecido hasta llegar a ser un movimiento mundial de más de 500 agencias cristianas de servicio, desarrollo y justicia, iglesias e individuos. Cuenta actualmente con 300 miembros activos y 230 asociados en más de ochenta países. Su objetivo central es incentivar la práctica de aquello que, según el texto del cual la Red deriva su nombre, Dios requiere: “Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8).

La primera Consulta global de la Red Miqueas se realizó en Oxford, Inglaterra, en 2001; la segunda, en Querétaro, México, en 2003, y la tercera en Chiang Mai, Tailandia, en 2006. Las bases bíblicas, el propósito y los objetivos de la Red están explicitados en la obra Justicia, misericodia y humildad: La misión integral y los pobres, editada por Tim Chester y publicada por Ediciones Kairós en 2008.

C. René Padilla

DECLARACIÓN SOBRE MAYORDOMÍA DE LA CREACIÓN Y CAMBIO CLIMÁTICO

17 de julio de 2009

Nosotros y nosotras, miembros de la Red Miqueas procedentes de 38 países de los cinco continentes, nos reunimos en Limuru, Kenya del 13 al 18 de julio de 2009 en la Cuarta Consulta Global Trienal. Sobre el tema de  Mayordomía de la Creación y Cambio Climático, buscamos la sabiduría de Dios clamando por la guía del Espíritu Santo al reflexionar sobre la crisis ambiental global. Como resultado de nuestras discusiones, reflexiones y oraciones, hacemos la siguiente declaración:

1. Creemos en Dios—Padre, Hijo y Espíritu Santo en comunidad—, que es creador, sustentador y Señor de todo. Dios se deleita en Su creación y está comprometido con ella (Colosenses 1:15-16 y Romanos 11:36).

2. En el principio, Dios estableció relaciones juntas entre todo lo creado. Tanto las mujeres como los hombres, como portadores de la imagen de Dios, somos llamados a servir y amar al resto de la creación, y somos responsables de rendir cuenta a Dios como mayordomos.  Nuestro cuidado de la creación es un acto de adoración y obediencia a nuestro Creador (Génesis 1:26-30 y 2:15).

3. Sin embargo, no siempre hemos sido mayordomos fieles. Debido a nuestra ignorancia, negligencia, arrogancia y codicia, hemos hecho daño a la tierra y hemos quebrantado las relaciones de la creación (Génesis 3:13-24). Nuestro fracaso en ser mayordomos fieles ha causado la actual crisis ambiental, que ha llevado al cambio climático y ha puesto en peligro los ecosistemas de la tierra. Toda la creación ha sido sujeta a frustración y corrupción debido a nuestra desobediencia (Romanos 8:20).

4. Sin embargo, Dios permanece fiel (Romanos 8:21). En la encarnación, vida, muerte y resurrección de Jesucristo, Dios reconcilió todas las cosas consigo mismo (Colosenses 1:19-20 y Filipenses 2:6-8).  Escuchamos el gemido de la creación como con dolores de parto. Esta es la promesa que Dios actuará y que El ya está trabajando para renovar todas las cosas (Romanos 8:22 y Apocalipsis 21:5). Esta es la esperanza que nos sostiene.

5. Confesamos que hemos pecado. No hemos cuidado de la Tierra con el amor sacrificial y abnegado de Dios.  En vez de esto, hemos explotado, consumido y abusado de ella para nuestro propio beneficio. Con demasiada frecuencia hemos cedido ante la idolatría de la codicia (Colosenses 3:5 y Mateo 6:24). Hemos abrazado falsas dicotomías de la teología y la práctica, separando lo espiritual y lo material, lo eterno y lo temporal, lo celestial y lo terrenal.  En todas estas cosas, no hemos actuado de manera justa con nuestros semejantes y con la creación, y no hemos honrado a Dios.

6. Reconocemos que la industrialización, la creciente deforestación, la agricultura y la ganadería intensificadas, como también el consumo ilimitado del petróleo y sus derivados, han roto el equilibrio de los sistemas naturales de la Tierra. El rápido incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero está causando el incremento de la temperatura global promedio, con los impactos devastadores que hoy se experimentan especialmente en las poblaciones más pobres y marginadas. El incremento proyectado de 2° C dentro de las próximas décadas alterará sustancialmente la vida  en la Tierra y acelerará la pérdida de la biodiversidad. Aumentará el riesgo y la severidad de eventos climáticos extremos, como sequías, inundaciones y huracanes, causando desplazamientos de poblaciones y hambrunas. Los niveles del mar continuarán elevándose, contaminando las fuentes de agua y sumergiendo islas y comunidades costeras. Probablemente veremos migraciones masivas, lo cual llevará a conflictos por la escasez de recursos.  Profundos cambios en la frecuencia de lluvias y nevadas, como también el derretimiento de los glaciares, ocasionarán una aceleración de la escasez de agua para muchos millones de personas.

7. Nos arrepentimos de nuestra teología egocéntrica de la creación y de nuestra complicidad en las relaciones económicas injustas a nivel local y global. Nos arrepentimos de aquellos aspectos de nuestro estilo de vida personal y social que deterioran la creación, y de nuestra falta de acción política. Debemos cambiar radicalmente nuestra vida en respuesta a la indignación y la tristeza de Dios por la agonía de su creación.

8. Nos comprometemos ante Dios, y llamamos a toda la familia de la fe a dar testimonio del propósito redentor de Dios para toda su creación. Buscaremos formas apropiadas de restaurar y construir relaciones justas entre los seres humanos y con el resto de la creación. Nos esforzaremos por vivir responsablemente, rechazando el consumismo y la explotación que resulta de él (Mateo 6:24). Enseñaremos y modelaremos la mayordomía de la creación como parte de la misión integral. Intercederemos ante Dios por las personas que más sufren los efectos de la degradación ambiental y el cambio climático, y actuaremos con justicia y misericordia entre ellas, con ellas y por ellas (Miqueas 6:8).

9. Unimos nuestra voz a la del resto de la sociedad para demandar a los líderes locales, nacionales y globales que cumplan la responsabilidad que tienen de enfrentar la crisis del cambio climático y la degradación ambiental mediante los mecanismos y convenciones acordados a nivel intergubernamental, y de asegurar los recursos necesarios para garantizar un desarrollo sustentable. Sus reuniones como parte del proceso del Convenio Básico de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático deben producir acuerdos justos, comprehensivos y adecuados. Los líderes deben apoyar los esfuerzos de las comunidades locales para adaptarse al cambio  climático, y deben actuar para proteger la vida y el sustento de las personas más vulnerables al impacto de la degradación ambiental y el cambio climático. Reconocemos que entre ellas las más afectadas son las mujeres y las niñas. Hacemos un llamado a los líderes a invertir en el desarrollo de nuevas tecnologías y fuentes de energía limpias y sustentables, y a proveer apoyo adecuado para que los grupos pobres, vulnerables y marginados hagan un uso efectivo de ellas.

10. Ya no hay más tiempo para postergaciones o indiferencia. Trabajaremos con pasión, persistencia, oración y creatividad para proteger la integridad de toda la creación, y legar un ambiente y un clima seguro para nuestros hijos y los hijos de sus hijos.

Los que tengan oídos para oír, oigan (Marcos 4:23).

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